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Me senté tranquilamente a observar las estrellas aprovechando que la luna era casi inexistente. De fondo se escuchaba el bullicio de las horas nocturnas. Locales de comida rápida que daban de cenar a sus clientes, comercios que cerraban, discotecas que abrían e iban repartiendo a sus relaciones públicas y gente de alta alcurnia entrando en locales VIP. No nos olvidaremos de las prostitutas y drogadictos intentando conseguir algo de dinero en los callejones paralelos a la calle principal.

Madrid había cambiado mucho desde que yo la pisé por primera vez hace 85 años. La casta política en general solo busca un interés común, el suyo propio y habían acabado por destrozarla con leyes absurdas que las mafias y otros personajes de dudosa legalidad habían hecho suya.

Una estrella fugaz cruzó el cielo y decidí ponerme en marcha de nuevo. Ya había saciado mi apetito por la carne unas horas antes y su consecuente digestión. Un jovencito estúpido y engreído se había cruzado en mi camino y ya sabes, quién provoca a un demonio de la noche puede acabar muy mal parado, éste acabó mal, muy mal, con parte de la carne de su cara en mi estómago.

Pero no os quiero asustar ni mucho menos haceros creer que soy tan malvado. Lo dejé con vida. Además aquí donde me veis también realizo buenos actos como dicen esos pobres ingenuos que creen que dios existe.

Salté con fuerza hacia la fachada de enfrente y fui descendiendo entre sombras hasta alcanzar la calle. Una vez allí lancé una moneda al aire para saber qué camino tomar, izquierda o derecha. El azar siempre es muy importante.

-¡Izquierda! – dije con una exclamación tan eufórica que un par de viandantes me miraron entre la extrañeza y el susto.

Me quedé mirándolos y ellos rápidamente desviaron la mirada y se apresuraron a seguir su camino. Él era de tez blanca muy en contraste a la de ella, mucho más morena. No parecían ser de la zona así que decidí seguirlos como diversión.

Crucé la calle esquivando algún que otro coche. Me metí por otro callejón y volví a trepar por las paredes hasta lo más alto posible. Observé nuevamente la calle y los localicé. Estaban un poco más allá de donde me había subido pero no me costó mucho alcanzarlos.

Iban abrazados de forma cautelosa como tantos otros para evitar que algún malaje los intentara atracar o peor todavía, aunque por suerte para ellos en esa zona eran raros tales actos porque a las mafias del lugar no les interesaba, solo les interesaban los negocios.

Salté a otro edificio más y vi como se subían a un coche.

Corrí y salté a unos metros del coche rondando y me colé por debajo del mismo.- Por los pelos. Casi los pierdo – pensé

El coche arrancó pero yo ya estaba cual lapa aferrado debajo del mismo e intentando que mi cuerpo no diera contra el asfalto. No os preocupéis, lo he hecho mil veces y esta no sería la última.

Al cabo de unos 45 minutos el coche entró en un garaje. Los dos ocupantes bajaron y se dirigieron a lo que parecía ser la salida. Yo esperé hasta que me aseguré que no me iban a ver. Luego salí de debajo y me fui hacia el mismo sitio. El ascensor marcaba el segundo piso. Me tenía que dar prisa. Subí por las escaleras a grandes zancadas y creo que me crucé con alguien pero a esas velocidades el ojo humano solo ve una sombra y eso si es que se fija muy bien.

En el segundo piso todas las puertas parecían las mismas. Me fui acercando una por una para comprobar si escuchaba voces o se escapaba algo de luz.

-¿Cariño quieres un vaso de agua?-Se oyó la voz de una mujer joven.

Deben ser ellos. Ahora solo tengo que buscar la manera de entrar y llamar al timbre no es una buena opción. Miré por el pasillo y no había ninguna ventana para salir al exterior. Otra vez a trepar. Salí a la calle e intenté buscar un sitio por donde subir.

-¡Qué pereza!

Las paredes del edificio, a diferencia de los edificios del centro, eran bastante lisas y de nueva construcción y eso me complicaba bastante el acceso. Tras un par de vueltas, la mejor opción era lo que parecía una bajante de aguas.

-Vamos allá, al fin y al cabo, pocas cosas se me resisten.

Con extremo cuidado fui trepando hasta llegar al segundo piso. Objetivo conseguido. Ahora ir saltando de ventana en ventana sin hacer mucho ruido.

Tres ventanas después estaba justo en la ventana adecuada, el dormitorio de la pareja. Ahora sí debía usar los poderes de la sangre. Cerré los ojos y inicié la concentración. Mi cuerpo fue perdiendo volumen y forma hasta convertirse en una masa oscura.

-¿Sabéis cuál es el mejor sexo? El mejor sexo es aquel que no se puede limitar por normas éticas o morales, aquel que te hace sentir libre y el mejor sitio para practicar el mejor sexo son los sueños y las fantasías. Todos las tenemos, desde la persona más pura hasta la más degenerada. Dicho esto supongo que no os costará demasiado saber cuál es mi especialidad.

Una vez dentro de la estancia y en mi forma me fui acercando hasta la cama y los envolví con mi materia. Me concentré y fui recuperando mi forma mientras mis manos ya estaban apoyadas en sus cabezas atrapándolos en mis redes y haciendo que su cerebro y su cuerpo hiciera lo que yo quería. Por una parte, a él lo dejé sumido en el más profundo de los sueños. Un sueño reparador, relajado, perdido en sí mismo. Un sueño ideal para que no molestara en toda la noche.

A ella, que le iba a hacer a ella, la iba a hacer disfrutar del sueño más excitante y húmedo basado en sus fantasías mientras yo la disfrutaba. La desnudé poco a poco viendo su piel tostadas, sus pechos de areolas oscuras, sus pezones pequeños, su vientre plano y su sexo rasurado. Recorrí con la mano libre su piel rozándola ligeramente por encima. Luego alargué mi lengua lentamente notando todo su sabor. Deliciosa. Mientras en su mente…

Anabela estaba en la cafetería del hotel nerviosa por las llamadas que había realizado unas horas antes. Llevaba días dando vueltas a una fantasía que tenía y harta de juegos por separado con sus amantes había decidido poner fecha y hora para un encuentro entre los tres.

Javi se había apuntado de inmediato con lo cual tenía que centrarse en Pedro. Pedro era un chico muy tímido, pero en la cama no lo era tanto, por no decir nada. Cualquier cosa que ella le pedía Pedro la hacía con suma obediencia y esmero. Le encantaba ver como su rostro se enrojecia antes de entrar en acción.

-Sí Pedro, un trio. Sabes que lo deseo desde hace mucho y sabes que no sólo soy tuya. Hay un amigo mío, como tú, que también le apetece mucho.

-Ya, ¿pero así?, ¿en tan poco tiempo?

-Si, así no nos creamos paranoias y a lo hecho pecho.

Diez minutos después había conseguido que Pedro accediera así como con Javi, le había dado las indicaciones necesarias.

Eran las ocho de la tarde y los había citado a ambos a las 21:30h. Les había indicado que subieran a la habitación 212 a su nombre. Además había indicado en recepción la llegada de ambos para evitar problemas.

Aprovechó ese tiempo que le quedaba hasta la cita para ducharse, arreglarse y acicalarse, asegurarse que en su sexo no quedara nada de bello y de paso dejar a mano los preservativos. Además indicó en recepción que cuando llegara cualquiera de los dos citados subieran una botella de vino blanco bien fría.

Una vez hecho todo eso bajó a la cafetería nuevamente a esperar la llegada de Javi y de Pedro mientras se tomaba un mojito y de tanto se le escapaba una risa floja al pensar la situación que sería tener a Javi y Pedro cara a cara sin saber qué hacer mientras la esperaban.

javi llegó el primero y se dirigió a recepción y una vez registrada la entrada un muchacho joven lo acompañó hasta la habitación. Pedro llegó pasada la hora que le había dicho pero aun así tampoco se demoró en subir tras el registro.

-Bueno Anabelle, ya es hora de subir- dijo mientras respiraba profundamente para quitarse los nervios de encima y con el sexo ya mojado con tan solo pensar lo que le podía esperar arriba.

Subiendo en el ascensor se mira en el espejo. Se acaba de colocar y revisar la coleta que se había hecho para recoger su cabello y se ajusta el vestido midi para que sus pechos se muestren más generosos en la zona del escote. El conjunto lo cierran unos stiletto rojos con mucho tacón y unos pendientes plateados de dos piezas.

La puerta se abre con celeridad. Ahí está Javi en la puerta y Pedro sentado en una butaca en la habitación.

-Bienvenida hermosa dama-le dice con un gesto galante y una amplia sonrisa.

Anabelle entra en la habitación y tras un corto beso a Javi se dirige hacia Pedro que ya se ha levantado y le da un apasionado beso. Javi observa desde atrás con una sonrisa maliciosa. El poco rato que ha estado con Pedro ha sido para cruzar solo cuatro palabras. El chico no es muy hablador.

Llaman a la puerta y les hacen entrega del vino blanco que había pedido para la cita.

-¿Bebemos?-dice Anabelle cogiendo la botella y dándosela a Javi para que la abra mientras le da una de las copas a Pedro.

Los tres beben las copas con más o menos celeridad para servirse una segunda. Los tres están muy nerviosos aunque no lo parezca y eso al que más excita es a Anabelle.

-Brindemos por estar aquí y por disfrutar de este encuentro- anima Anabelle.

Tras esto Anabelle deja la copa en la mesita y se sienta en la cama. Los otros dos hacen lo mismo.

En esta ocasión es Pedro el que se adelanta y empieza a besar a Anabelle con sumo cuidado a la vez que la atrae hacia él. Anabelle nota como sus pezones se van contrayendo poniéndose duros. Javi no se queda mucho rato observando y hace descender la cremallera del vestido dejando la espalda de Anabelle al descubierto y la empieza a besar mientras pasa una mano por delante para acariciar por encima del vestido el pelo que Pedro ha dejado libre.

Las caricias van y vienen de los dos hombres a la joven amante. Excitada se pone de pie y se deshace del vestido que ya empieza a molestarle. Con el pie aparta el vestido lejos de ellos y se acerca para que sigan tocándola estando ella de pie.

Esta vez Javi toma la iniciativa poniéndose delante de ella y de rodillas. Le empieza a besar y acariciar el sexo por encima de las braguitas brasileñas que Anabelle lleva y también le estruja las nalgas. Pedro se queda de pie y le besa y mordisquea los pechos y los pezones mientras también le acaricia el cuello.

Las caricias llenan a Anabelle y un extraño hormigueo le recorre el cuerpo. La situación es muy morbosa y aunque jadea sus jadeos se ahogan en la boca de Pedro. La excitación aumenta y siente como todo su cuerpo está preparado, pero antes de que la posean quiere sentir sus sexos en su boca, en sus manos. Aparta con suavidad a Javi y a Pedro. Los mira. Ellos aún siguen vestidos pero debajo de sus pantalones se ven sus pollas duras deseando salir.

-Desnúdense- dice Anabelle relamiéndose los labios-vamos, ropita fuera.

Los chicos la miran y se miran entre ellos de forma tan rápida que se nota que durante unos instantes se sienten incómodos, pero es lo que hay.

Javi y Pedro se van desnudando poco a poco. Quitándose la ropa. Uno con más sensualidad que el otro aunque a Anabelle eso no le importa para nada, está disfrutando al ver esos dos cuerpos, esa piel, ese bello, esas piernas y brazos bien torneados. No son para nada chicos de gimnasio pero son cuerpazos para ella.

Ya desnudos Anabelle les hace dar una vuelta sobre sí mismos. Le gusta verlos por delante y por detrás. Luego se acerca y coge el sexo de uno y abraza al otro y los atrae hacia ella. A los tres les late el corazón a dos mil. La noche ya ha atrapado la ciudad y solo las luces de las lámparas de las mesitas de al lado de la cama iluminan la habitación.

Besa a uno y a otro en la boca con pasión y luego se arrodilla delante de esos. Los mira a los ojos y se lleva el sexo de Pedro a su boca. Rodea el sexo de Pedro con su lengua con movimientos muy suaves y mientras con la mano masturba a Javi. Pedro está disfrutando y cierra los ojos. Se concentra en sentir la boca y la lengua de Anabelle. La sensación es terriblemente placentera. Luego Anabelle se libera del sexo de Pedro y mira Javi. Con Javi es más agresiva y engulle su sexo hasta el fondo. Javi se siente tentado de coger la cabeza de Anabelle y forzarla más pero al final se resiste. Anabelle se retira con la cara roja y la boca colgando con parte de su propia saliva. Luego lame el sexo de Javi por fuera, con largos y lentos lametazos.

-Qué delicia tener a estos dos hombres al mismo tiempo para mí y a la vez que extraña sensación de miedo el que me posean a la vez. – piensa Anabelle.

El sexo de Anabelle está hinchado, tan mojado que ya es incapaz de contener sus propios flujos que poco a poco, junto con la saliva que dejó Javi, ya han empapado por completo los labios mayores, el clítoris y parte de la ingle. Sus pezones están duros al igual que el resto de sus pechos. El cosquilleo que antes sentía se ha extendido a todo su cuerpo y cree que es el momento de pasar a algo más que simples juegos.

Mientras Anabelle se va levantando Javi se acerca a la botella de vino y sirve en una única copa lo que queda de vino. Los tres beben del mismo vaso y siguen con lo de antes.

Anabelle se tumba en la cama. Pedro se coloca cerca de su sexo. Le rompe las bragas que llevaba y penetra con sus dedos el sexo de Anabelle. La masturba con fuerza, de arriba a abajo. Desde el fondo hasta la superficie frotando con ello todo su clítoris y la pared superior de su sexo o lo que se llama Punto G. Los dedos de Pedro son generosos y los dos que tiene introducidos aceleran el placer que siente Anabelle.

Javi succiona los pechos de Anabelle con avidez, así como mete sus dedos en la boca de ella.

-Argggggg, dioooos mio- Anabelle se está con corriendo y nos fuerza a dejarla. Se da la vuelta y se abraza a ella misma. El orgasmo le ha atravesado de punta a punta. Su sexo palpita, le falta la respiración. No sabe qué hacer.

Ambos chicos la dejan en ese estado unos minutos. Anabelle está feliz, contenta, pero ella quiere sentir más. Intenta concentrarse, pero le cuesta. Su respiración sigue siendo entrecortada.

Finalmente consigue sacar un hilo de voz.

-Quiero sentirlos a los dos; dentro de mi.

-¿Cómo quieres sentirnos? -dijo Pedro

-No sé, ¿cómo os gustaría?

-¿Pero quieres sentirnos a los dos con penetración?-dijo Javi

-Sí, ya les sentí sin ella.

-¿Por la vagina?-dijo nuevamente Javi

Anabelle miró a Pedro. Él la miró a ella. Se hizo un silencio, pero ambos sabían la respuesta.

-Quiero sentirte a ti Javi por mi vagina y a Pedro por detrás.

Javi abrió los ojos como platos.

-¿Sexo anal? Pero tú siempre has dicho que eso no lo quieres practicar.

-Ya, pero fíjate dónde estamos y tal vez esto nunca se vuelva a repetir. Así que, ¿por que no?

Mientras decía esta frase Anabelle ya se estaba colocando a cuatro patas.

Javi aprovecha para hablar algo con Pedro. Seguidamente Javi se coloca delante de Anabelle y Pedro detrás. Pero cuando ella cree que ya van a penetrar Pedro la tumba completamente en la cama y se recuesta sobre el culo de ella. Cae la saliva de la boca de Pedro e impacta justo donde debe. Acto seguido Anabelle nota la lengua húmeda en su culo y un dedo haciendo presión lentamente.

Javi por su parte ha ido acercando su cuerpo a la cara de Anabelle y cuando ésta quiere alcanza la polla de éste con un movimiento Javi levanta sus caderas y coloca sus testículos y su culo a disposición de ella.

-Pedro te va a practicar un beso negro para que tu culito se vaya preparando para la penetración, pero yo quiero que tú me practiques un beso negro a mí. Al menos ya que no voy a ser yo el que te penetre analmente.

-Eres un capullo, lo sabes ¿no? -le espetó Anabelle-Pero si es lo que quieres…

Javi se recuesta y deja que Anabelle haga lo que tiene hacer. Mientras Pedro ya ha conseguido que el culito de Anabelle vaya cediendo y se vaya dilatando con lo cual va forzandolo para que entren su dedo índice y medio. La lengua de Anabelle roza la base de los huevos de Javi y parte su ano. Menos mal que los obligó a ir a la cita duchaditos – piensa – pero no por ello se detiene. Javi disfruta de los lametazos que le da la muchacha mientras además puede observar al dedicado Pedro haciendo el duro trabajo de dilatar el culito de Anabelle.

Cuando Pedro considera que Anabelle está lista hace un gesto a Javi. Javi se aparta lentamente satisfecho con el trabajo de Anabelle.

-Creo que ha llegado el momento Anabelle

Anabelle asoma con su cara enrojecida del trabajo hecho y con el culo algo dolorido por el trabajo de Pedro.

-¿Y ahora qué?-dice ella-¿cómo lo hacemos?

-Ponte hacía aquí- Javi la colocó encima de él a 4 patas. Javi tenía para él los pechos de Anabelle. Introdujo lentamente su sexo en el de ella y la obligó a inclinarse de manera que a Pedro le fuera fácil penetrarla por detrás.

Pedro entró también en ella. Con mucho cuidado de no lastimarla. Mientras Pedro entraba Javi tenía las nalgas de Anabelle e iba abriéndolas para facilitar la tarea a Pedro. Anabelle finalmente sintió dentro de ella ambas pollas llenando su sexo y culo. Una sensación extraña. Allí estaban los tres unidos por la carne y para la carne.

Ella empezó a mover el cuerpo, hacia delante hacia atrás. Los sexos de los chicos se movían con lentitud dentro de ella. Ella mandaba y ella marcaba el ritmo que poco a poco iba creciendo. Salir, entrar, salir, entrar, más calor, los tres jadeando en aquella habitación cuyo ambiente poco a poco se había vuelto más y más asfixiante. La sangre fluyendo en todas las direcciones, alterada, enrojeciendo los rostros de los tres. Fuerza e ímpetu, sexo sucio y liberalizador. Pedro marca un ritmo más fuerte se nota que está a punto de estallar, Javi otro tanto y Anabelle que está tan excitada e ida que casi no les presta atención. Me corro grita uno y la embestida por detrás es tan profunda y salvaje que saca del trance a Anabelle. Para suerte de ella y Javi, Pedro cae hacia uno de los lados de la cama liberándolos.

-Fóllame con más fuerza Javi, más a prisa.- dice Anabelle a un Javi bastante agotado.

Javi en un último esfuerzo hace lo que le pide la chica y ella jadea y jadea y fuerza que la penetración en su sexo sea más profunda.

-Aguántame un poco más que ya me corro, sí por dios, azótame, hazme tuya.

Los dos están tan acelerados que ella se corre con un grito tan salvaje que trasciende por todo el hotel. Él se corre pero con el peso de Anabelle encima ahoga su grito tensando todo su cuerpo y notando como la presión de su esperma sale contra el sexo de ella y las paredes del preservativo.

Allí están los tres. Tumbados en la cama mirando el techo de la habitación. Cada uno perdido en sus pensamientos, miedos y propios placeres. Ha pasado casi una hora y media desde que se encontraron en la habitación, pero no les importa, ya nada importa.

Mi cuerpo estaba exhausto y la mujer había disfrutado de su fantasía. Mi sexo que ahora estaba enredado por todo su cuerpo la había penetrado por todas partes para simular los placeres de la fantasía y así darme a su vez placer a mí. Mi mano seguía apoyada en su frente. Que deliciosas son las mujeres y que pena no poder disfrutarlas más de tú a tú, pero al fin y al cabo, mejor así. Ellas por su cuenta y yo por la mía. ¿Quién se atrevería a amar a un monstruo como yo? Un ser creado de la nada y cuyo pasado es solo una sombra de algo que ni tan siquiera recuerda haber sido.

Salté de la cama y corrí hacia la ventana. El cristal reventó en mil pedazos y la pareja se despertó sobre saltada, asustada, sin entender nada. Se quedaron allí abrazados, muertos de miedo, sin ni tan siquiera atreverse a encender la luz.

Me colé dentro del alcantarillado de la ciudad en busca de un refugio. Cabreado conmigo mismo, triste, furioso, otra vez más solo….

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