Relatos prohibidos. No pecarás en vano

Ángela no era dada a usar mucho su imaginación en lo relativo al sexo. Simplemente hacía lo que más o menos había visto en las películas eróticas o en alguna porno. Sexo oral y penetración vaginal. El sexo era más bien un tramo a pasar de tanto en tanto con su pareja. Por contra Ricardo, como todo buen varón, quería sexo a todas horas. A Ricardo le apasionaba probar cosas nuevas siempre pero Ángela lo limitaba mucho, por tanto, cuando ella no estaba en casa y él tenia algo de tiempo no dudaba en ver una buena película porno y pajearse a gusto imaginando lo que podría llegar a hacerle a Ángela si se dejase..

Ella trabajaba en un centro de estética. Él como conserje en un instituto. Aquel día Ricardo libraba, pero no Ángela. Así que Ángela se levantó de la cama para ir a trabajar y Ricardo se quedó holgazaneando.

No os voy a aburrir contando que hizo Ricardo durante el día, y tampoco Ángela, al menos hasta el momento que os interesa.

Como os he dicho, Ángela no tenia mucha imaginación pero hay veces en la vida que algo se dispara en nuestro interior y somos capaces de hacer cosas que no nos esperaríamos. Al final del día Ángela tuvo que atender a una clienta. La había visto un par de veces, pero en ninguna de las ocasiones se había encargar ella misma.

Ella era joven, peliroja, muy buen cuerpo y una voz muy sensual. Ángela por contra era entrada en curvas, el pelo castaño y solía llevar gafas en sus horas de trabajo. La joven había ido a cortarse el pelo, hacerse la manicura y hacerse las inglés. Durante todo este proceso, la conversación que llevaron ambas muchachas pasó de vanal a muy explicita. La chica en cuestión trabajaba como ayudante de maquille. Como todo sabemos la crisis nos afecta a todo y cada uno busca de donde sacar un extra. Inés, pues así se llamaba, no era diferente. Había acabado en sets de películas X maquillando a los actores o bien ayudando con los sets de ropa.

Inés le explicó muchas y variadas cosas a Ángela, la cual se picaba en curiosidad y picardía. Por decirlo de otra manera, al escuchar a Inés explicar como era un rodaje porno se puso muy cachonda. Tenía ganas de ir a casa, coger a Ricardo y hacerlo suyo.

Sin casi despedirse de sus compañeras de trabajo Ángela salió corriendo hacia su casa. Le ardían los labios, le vibraba el sexo de lo mojado que estaba y su razón ya no le pertenecía.

Subió por las escaleras, abrió la puerta y su libido se encontró con un Ricardo recostado en el sofá mirando una película porno con una mano en su polla dura y vibrante por su propia saliva. Ángela se enojó y mucho y pensó dejarlo a dos velas, pero por otra parte ¿porque tenía que fastidiarse ella?. Se fue directa a la habitación mientras le espetaba un – ni te muevas – a Ricardo.

Se quitó los tejanos y los sujetadores. Solo sus braguitas tapando su sexo y la camiseta tapando sus pechos. Se puso unos zapatos azules de tacón que tenía en el armario y cogió un pañuelo de cuello. Luego salió hacia la cocina, abrió un estante donde había guardado unas cuerdas y se dirigió al comedor.

Ricardo por su parte había parado la película y había dejado de tocarse.

– Ven aquí Ricardo – dijo Ángela secamente.

Él la obecedió sin decir nada. Ya se imaginaba la gran bronca.

– No voy a decirte nada sobre lo que estabas haciendo, así que más te vale que hagas todo lo que te diga si no quieres bronca.

Ángela acercó una silla y le obligó a desnudarse para luego indicarle que se sentara.

Se colocó detrás de él y le ató las manos a la espalda de la silla. Luego ató sus piernas por los tobillos a la patas. Luego pasó otra cuerda más por el cuello de él para que no pudiera inclinarse hacia adelante.

– Oye! ¿Por qué me atas así? ¿Te has vuelto loca?

Ángela cogió el mando y encendió el televisor para localizar la película porno que miraba Ricardo y le dio al play.

– Quieres correrte mirando esto, ¿verdad? – dijo señalando al televisor.

– Bueno, no exactamente, prefiero que me sueltes y empotrarte bien empotrada.

– Pues te jodes – y cogiéndolo por la mandíbula le dio un fuerte y apasionado beso.

Ricardo no entendía pero Ángela había sacado su lado salvaje.

Empezó a moverse alrededor de la silla. Tocando con la yema de los dedos la piel desnuda de Ricardo. Acarició los hombros, el cuello, el pelo, el pecho. Tocó el abdomen y las piernas, se acercó y se alejo del sexo de Ricardo pero sin tener contacto.

La película seguía sonando de fondo, los gemidos habían empezado. La actriz gemía mientras engullía un hermoso pene. Lo engullía por completo, hasta el fondo para luego retirarse y dejar un filo hilo de saliva y vuelta a empezar. Ricardo se retorcía y se quejaba, pero Ángela no le hacía caso. Ella quería jugar y castigarlo. Se puso delante nuevamente y jugó con su camisa y los botones. Uno a uno se fueron abriendo y sus pezones se habían hinchado y endurecido. Con la camisa abierta mostraba su vientre y el canalillo entre sus pechos. Ricardo es un hombre y su miembro, como a todos los hombres, sólo entiende una cosa, el estímulo visual. Por tanto, la erección regresó a él.

Ángela miraba con una malvada sonrisa la erección de su chico y a su vez metió las manos en su braguita para acariciar su propio sexo. Se sentó en el borde del mueble de la tele y empezó a tocarse. Primero solo su sexo, luego siguió agarrándose los pechos y pellizcándose. Sus caderas se movían hacia adelante y hacia atrás y de fondo ya se oían las embestidas de la pareja de la película. Ricardo no sabía que hacer. Su polla le ardía y su tamaño ya era de por si grande.

– Ángela, tócame, métela en tu boca! No me trates así por dios!

– No

– ¿Pero por qué?

Ángela no  le respondió y siguió jugando con los dedos en su sexo. Notó como su clítoris se hinchaba, notó como su sexo volvía a vibrar y palpitar. Notó como se inundaba de flujos y finalmente introdujo sus dedos. Una descarga eléctrica la atravesó y soltó un jadeo al tiempo que se mordía los labios.

La polla de Ricardo estaba en todo su esplendor y con el continuo bombeo de sangre se balanceaba una y otra vez. Sus testículos estaban hinchados. Sus ojos dilatados y su boca salivando.

Ángela se desplazó un poco hacia Ricardo mostrando sus pechos. Él se inclinó pero la cuerda del cuello lo frenó. Ángela se apartó del todo la camisa dejándolos libres a la observación. Sus pezones duros eran dignos de admirar, lamer, succionar, morder y pellizcar. Oh dios sabía ella bien el placer que le producía a Ricardo jugar con ellos. Se acercó un poco más a él y el pobre aún con la cuerda ahogándolo estiro al máximo su lengua lamiendo ligeramente el pezón.

– ¿Me deseas?

– Sí, sí, sí.

Ángela se inclinó un poco más y Ricardo atrapó el pezón con su boca y enroscó su lengua sobre él. Ángela notó la presión y apretó su pecho por completo contra la cara de Ricardo que se inclinó hacía atrás para recuperar aire.

– ¿Ya te has cansado tontito mío?

– No! – dijo con semblante serio.

Ángela apoyó su zapato de tacón alto en el hueco que había entre las piernas de Ricardo en la silla y este hizo ademán de apartarse. Ella sonrió hacia sus adentros y acercó más la punta del zapato a sus huevos desnudos.

– No pretenderás…

Una vez más las palabras de Ricardo caían en saco roto. La punta del zapato rozó los huevos de éste y el tacto frío de los mismos hizo que la polla creciera más. Oh sí, el contraste. La maldecía por dentro, estaba segura. Él pedida y ella siempre le daba. Ese día las tornas habían cambiado.

Ángela se inclinó y como hizo al principio, le agarró la mandíbula y lo besó. Con pasión, con fuerza, le dolía pero no le importó. Le forzó a abrir la boca y a besar, a enredar sus lenguas y notar el sabor de sus bocas. Y los dedos de Ángela, que no podían quedarse quietos, fueron bajando por el pecho de Ricardo hasta dar con su sexo, sujetarlo y empezar a masturbarlo. Lentamente y con cuidado dejó sus besos en la boca y se arrodilló delante de él. La mano subía y bajaba y la otra se colocó debajo de los testículos para acariciarlos. Ejercía sobre ellos una ligera presión con el pulgar y el meñique mientras su dedo índice y medio se iban acercando al ano de Ricardo.

– No, eso no.

Y los dedos de Ángela siguieron su camino hasta notar el ano de Ricardo contraerse.

– Sí, eso sí.

Ángela retiró la mano y la humedeció con saliva para regresar y acariciar ese orificio. Ricardo se negaba pero ella no estaba dispuesta a dejarlo en paz.

– Tontito mío deberías saber que he aprendido algo hoy. Si quiero puedo ser mala, pero si te resistes puedo ser mucho peor.

El dedo entró fuerte y directo. No hubo piedad y Ricardo notó como le ardía el ano. Seguramente eso experimentaba Ángela cuando él le hacía lo mismo mientras se la follaba. Ángela entonces engulló la polla de Ricardo brutamente hasta golpear su campañilla y repitió, una y otra vez aquello mientras con sus dedos follaba el culo de Ricardo. Ah! amante mío, amor mío, sufre tu mismo lo que me haces a mi. La saliva cubría polla, testículos y silla. La película de fondo seguía la acción. Ella follada analmente mientras mostraba su coño al espectador, en este caso Ricardo.

– Me corro hija de mala madre. Ahhhh! Me voy!!! Sí, me …

La leche salió a borbotones manchando la silla, el suelo, parte del pecho de Ángela y parte del de Ricardo.

Ángela se incorporó y miró la escena. Sonrió y se tumbó en el sofá mientras la película porno seguía. Empezó a acariciarse nuevamente mientras Ricardo intentaba ver que estaba haciendo. Cerró los ojos y dejó volar su imaginación. Imaginó a uno de esos hombres portento que tanto le gustaban a ella. Esos hombres musculosos pero sin excederse, esos hombres que te besan y te dejan sin aliento y aún así, quieres más de ellos. Esos hombres que son rudos y tiernos y que te acarician el cuerpo sin importar cuanto rato estén. Imaginó a unos de ellos poseerla y hacerla suya, sin Ricardo, sin presiones externas, sin miedo, siendo ella misma.

Es por ello que ese día Ángela pecó pero no en vano como Ricardo que lo hacia mecánicamente, ella pecó de verdad.

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